domingo, 15 de noviembre de 2020

Fin del espectáculo.

 Espero que habéis disfrutado de este largo viaje hacia la infancia en compañía de Titú, Sebastian, sin olvidar el gran Malako, animal ladrador como no los hay.

En cuanto a nosotros, ha sido un placer hacerles descubrir nuestras historias desde la parte íntima de nuestros recuerdos. 

Os agradecemos a todos haber hecho este viaje en nuestra compañía.

Pero como lo decía el Malako, mientras hay un hueso que roer, queda una pizca de esperanza, por muy remota que sea.

Baja el telón, es de noche y la luna nos acompaña.

¡Qué disfrutéis del silencio!

Carlos, Cris y Titú.



lunes, 12 de octubre de 2020

En el laberinto del recuerdo de los veranos infinitos.

El sol palpitaba sobre nuestra piel, la brisa nos hacía correr aún más rápido y los refrescos que nos esperaban en la casa de los abuelos nos dejaban en los labios el verdadero sabor de la aventura.

Supongo que todos recordamos esos lejanos veranos, los de la infancia, con sus fantásticos colores distorsionados y suavizados por la memoria.

Todos ellos aún perduran en un lugar remoto, escondidos en el laberinto de nuestra memoria, esperando a que volvamos a encontrarlos totalmente intactos.





miércoles, 16 de septiembre de 2020

Historia de kayac.

Este mismo verano me he ido a hacer kayac con mi sirenita en alta mar. Hacia siglos que no había vuelto a subir en esos engendros, pero la verdad es que nos lo pasamos en grande.

Cuando digo que hacía mucho tiempo que no navegaba, era haciendo caso omiso de los sueños de aventuras marítimas del pequeño Titú, un chavalín que aún sigue navegando en mi pasado.

¡Cuántas aventuras en la vieja casa de los abuelos! La imaginación lo era todo y además teníamos el espacio infinito a nuestro alcance.

Es una pena que todo se haya acabado tan rápidamente.




lunes, 17 de agosto de 2020

Trás los pasos de Tintín.

A Titú le encanta Tintín, se pasa horas leyendo sus aventuras. No hay duda, es su héroe preferido, el que más le hace vibrar y creer que la vida es una gran aventura.

Ha leído los álbumes varias veces, los tiene todos y creo que siempre volverá a leerlos sin parar. Tiene sus historias preferidas, pero desde que tiene 10 años dice que las primeras son para niños pequeños.

No le voy a llevar la contraria.

Y a vosotros, ¿os gustan las aventuras de Tintín?



domingo, 12 de julio de 2020

El descubrimiento.

Me acuerdo que caí sobre uno bloque de piedras que no tenían nada que hacer allí.

Aún así, estaban amontonadas para recibirme como suelen hacerlo las piedras: en silencio.

Enseguida me hice amigo de una mariposa que no paraba de revolotear a mi alrededor., desprendiendo perfumes de amor.

Me preguntó si sabía como se llamaba. Como le dije que sí, que su nombre era conocido hasta los confines de los confines desconocidos.

Pero aquel nombre era un secreto que sólo se debía decir con las palabras del corazón.

Enseguida se transformó en la niña de los sueños despiertos y me invitó a bailar con ella en las grandes praderas del infinito que bordeaba aquella pradera.

Ha pasado mucho tiempo de ello y aún sigo bailando con ella.






lunes, 15 de junio de 2020

Las flores de la vida.

A Titú siempre le han gustado las flores. De pequeño las dibujaba cada vez que podía. En el pueblecito de los abuelos, había muchas y siempre el niño volvía con unas cuantas para regalar a su abuela.

Pero un día, en su jungla interior, donde las flores nacen para siempre, descubrió la reina de las flores, bella y de pétalos dulces para perfumar el resto de su vida.

A veces vuelvo a ver a Titú, siempre va acompañado de su bella flor, la que consiguió conquistar su corazón, su memoria, y sus praderas infinitas.





miércoles, 13 de mayo de 2020

¡Qué llega el verano!

La llegada del verano siempre ha sido una fiesta, sobre todo para Titú y Sebastián que esperaban con ganas volver a casa de los abuelos para dos meses y medio de olvido completo.

El calor era sinónimo de vacaciones, de muy largas vacaciones viviendo sueños y aventuras, descubriendo nuevos placeres que al día siguiente se habían olvidado.

Además el verano tenía un olor especial, una mezcla de aventura y de libertad, donde las sonrisas iluminaban un sol implacable.

Cuando me acuerdo de estos veranos, vuelvo a ver praderas de mariposas; siento en mi piel la placentera sombra del follaje de los árboles siempre en movimiento; aún noto la brisa cálida que sólo podía apaciguar una buena jarra de sirope de menta con agua bien fresca; oigo al perro ladrando delante de la casa, corriendo tras los pájaros que revoloteaban en un sin parar frenético y el abuelo haciendo la siesta en el canapé del pequeño salón.

Esos veranos son inolvidables, son nuestra infancia y nuestros recuerdos.