jueves, 10 de diciembre de 2015

Chien Denté.

En las aventuras de Titú y Sebastián aparece un personaje muy importante, casi imprescindible, el "Perro Malako". Su nombre real era Isa, pero los niños lo apoderaron  "Chien Denté", animal mordedor como no los hay.

En lenguaje universal, su apodo se ha transformado en Malako, lo que en realidad significa exactamente lo mismo. 





Dicho Malako era el confidente de los niños. Además se podía contar con él para cualquier aventura. Si lo llamabas, venía enseguida… salvo si estaba ocupado haciendo cosas perrunas o bien a la hora de la comida, sagrada para él.




Ladraba, soñaba, te robaba la servilleta si no le dabas algo cuando estabas comiendo, se escapaba casi siempre durante los largos paseos por los bosques y dormía cerca de los niños que tenían una verdadera veneración por ese animal de cola corta pero de gran corazón. 

Era imposible ganarle corriendo, y si te escondías siempre conseguía encontrarte. Además protegía la casa y sus huesitos como un verdadero animal rabioso. No cabe duda alguna que era uno más en la pequeña casa de los abuelos donde sus ladridos eran inseparables del verano.




Cada vez que vuelvo a ver fotos donde aparece, mis sentimientos se estremecen al recordarme los innumerables momentos que pasé jugando a su lado. Era mi alma, mi pelaje, mi héroe y mi rey.





Vivió su vida de perro, dejando miles de recuerdos a todos los que lo han conocido, y estoy convencido que sigue corriendo por alguna parte además que en mi corazón.
Chris.

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(1) El Malako aparece por primera vez en uno de los capítulos de "Mistigri titulado "El perro Malako". Reaparece en cada uno de los capítulos de "Equinoccio" situado en Dardenac, el pueblo donde residen los abuelos de nuestros héroes.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cruzando el equinoccio.

Este curioso libro es un viaje, un viaje entre dos álbumes, un homenaje al silencio que nos acompañó casi durante tres años de trabajo, un bello Making of de la novela gráfica Equinoccio, de Chris Stygryt y Carlos Maiques, y editada por Edicions de Ponent.

Hoy, Coco Press edita un bello álbum digital que quieres ser un puente entre Mistigri, la precuela obligada del Equinoccio del pequeño Titú, un bello regalo para los ojos, una bella sonrisa para respirar un poco más de vida.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Sueño felino.

Este verano, mientras seguía escribiendo los guiones de nuestra próxima novela gráfica que se titulará "El fin del mundo", Carlos tuvo que ausentarse unas semanas a casa de unos amigos para cuidar de un gato y de una tortuga que se habían vistos privados de unas merecidas vacaciones. 

Por supuesto, allí Carlos pudo seguir dando vida a nuestro pequeño Titú, pero la tranquilidad y la proximidad de animales tan silenciosos despertaron largos momentos de ensoñaciones donde, lápiz en mano y casi sin darse cuenta, floreció esta bella secuencia de imágenes.

Os dejo soñar en su compañía.

Chris.








martes, 15 de septiembre de 2015

Antes de Titú.

Hubo un momento en que Carlos no conocía muy bien al joven Titú. Había oído hablar de sus aventuras y del Mistigri, pero nunca se hubiera imaginado compartir algún día parte de sus peripecias.

Pero así fue. Titú vino, llamó a la puerta de su alma y ambos se embarcaron en un largo viaje que aún no ha terminado.

Esta imagen, ilustrada por Carlos, es uno de los primeros esbozos donde aparece Titú acompañado por su fiel perro Malako. Incluso creo que fue uno de los primeros dibujos realizados a tinta… un Titú antes del Titú, sentado en una calle olvidada, con el Malako esperando un algo improbable.

Después Titú cambió, transformándose tras miles de nuevas lineas hasta convertirse en el niño que conocemos.

En cuanto al Malako, parece ser que se ha vuelto cada vez más mordedor a lo largo de sus numerosas aventuras de papel.
Chris. 


jueves, 23 de julio de 2015

Segunda exploración del valle batido.

Titú sigue soñando, disfrutando de una nueva aventura en medio de la nada.

¿De la nada?

No, más bien en medio de una jungla donde no hay nada. Una historia que huele a hierba fresca y a homenaje a otro explorador, uno de los tiempos antiguos, de cuando las estrellas aún seguían habitadas.





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Cuento poético ideado e ilustrado por pinceladas mágicas por Carlos Maiques, para añadir a nuestra curiosa colección de sueños inventados.

viernes, 5 de junio de 2015

Un paseo por Bordeaux de la mano de Carlos Maiques.

Muchas veces, se ha dicho que, para la realización de "Equinoccio", tuvimos que tener un especial cuidado con el tema de la documentación. A veces, hace falta algo más que mirar documentos fotográficos para impregnarse de una ciudad, de un ambiente especial.

Estas ilustraciones previas de Carlos nos llevan al Bordeaux de los años 70, con sus coches, sus bares, sus mercadillos… y muchos más detalles que después fueron utilizados para la realización de las páginas definitivas.

Espero que este silencioso paseo por el tiempo os de ganas de seguir las aventuras del pequeño Titú, de su hermano Sebastián y del famoso "Perro Malako".









miércoles, 6 de mayo de 2015

Dardenac.

Haga frío o bien calor, es allí, en la casa de Dardenac (1), que Titú y Sebastián pasaban la mayor parte de sus vacaciones. Los abuelos habían comprado una ruina que poco a poco intentaban rehabilitar. Al principio, sólo se iba allí para pasar el finde y disfrutar de la tranquilidad del lugar, pero muy rápidamente fue el hogar de cada una de las fiestas familiares y de todas las vacaciones de ambos chavales. 



Allí, todos podían reír, gritar, soñar, leer, enfadarse y, sobre todo, comer muy bien, porque la abuela Simone era, además del alma de la casa, una cocinera excepcional.


Es durante un caluroso día de verano que Titú aprendió a subir en bicicleta, la roja, con dos ruedas añadidas detrás (2). A la sombra de la vida, el tiempo se paraba durante largas temporadas que no parecían tener fin. Ni siquiera el monótono "tic tac" del antiguo reloj del salón era capaz de sustraerse al encanto de estos largos días.


En verano, se estaba muy bien bajo el árbol del pequeño jardín de entraba, donde nuestros dos piratas jugaban al Mikado (3), la mirada aguda y el pulso más bien tieso. Habían disputas, sí, pero siempre era Titú él que ganaba, porque era el más grande, lo que le daba siempre la razón.



Abajo, justo enfrente de la casa, estaba el pequeño huerto del Jojo, donde el buen hombre se escondía de los gritos de su "Baronesa". Allí, entre la maleza, se podía trepar a los árboles, jugar al escondite en la pequeña gruta (4) o bien probar las fresas salvajes que el abuelo cuidaba con amor y paciencia.





El silencio acompañaba a toda la pequeña familia en sus peregrinaciones diarias y nada, nada, parecía ser capaz de entristecer este milagroso paraíso.

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(1) La pequeña casa de Dardenac aparece por primera vez en "Piratas de los siete mares", primer capítulo del álbum "Equinoccio" ilustrado por Carlos Maiques.

(2) Esta pequeña bicicleta enfurecida tiene historia, y es la roja protagonista de "La casa de las palomas", una bella historia que se puede leer en el álbum "Mistigri".

(3) Titú y Sebastián juegan al Mikado y se enfadan en "La venganza", un capitulo clave del álbum "Equinoccio".

(4) La famosa gruta aparece tímidamente al final de "Piratas de los siete mares" y abre las puertas de lo desconocido.

jueves, 9 de abril de 2015

De la nube a la orilla.

Titú es un niño curioso, muy curioso. Cualquier soplo de viento es capaz de llevarlo hasta el otro lado del mundo, allí, donde no existe lo imposible.

A lo lejos… un faro. Más allá de las apariencias, el silencio dibuja paisajes en perpetuo movimiento, olas de la infancia que se rompen justo al lado del olvido.





Una nueva y bellísima historia dibujada por Carlos para añadir a nuestra fabulosa colección de recuerdos de papel.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Las orillas.

El tiempo y el espacio son importantes, ya lo sabemos, pero no me refiero a las dimensiones que intentó explicarnos Einstein. Me refiero a otras dimensiones mucho más prosaicas y caseras. Y sobre todo, me refiero a esa dimensión espacio-temporal fácilmente perceptible por nuestros cerebros. Se entiende que coincidir en el espacio es sencillo de percibir, pero coincidir en el destiempo es más jodido.


Yo conocí a Titú a destiempo. Y eso me afectó. Yo conocí a Titú de mayor, cuando en realidad Titú nunca creció. Yo conocí las aventuras de Titú cuando ya no podía acompañarle en ellas. Yo conocí los juegos de Titú cuando ya no podía jugar con él. Yo conocí a los abuelos de Titú cuando ya no era posible ir a merendar a sus casas, o cuando ya no podía aprender de sus experiencias. Yo supe de las excursiones de Titú y de su familia cuando ya no podía viajar con ellos, y me enteré de la existencia de su patio trasero cuando ya no podía ir a jugar allí.


El tiempo es cruel, sí. Pero el destiempo lo es aún más.

Pero se puede luchar contra él. Yo lo hice: me empeñé en jugar con Titú; en acompañar a su familia en excursiones y viajes; en ir a merendar a casa de sus abuelos; en mirar a su madre de una forma que no entendía de pequeño, pero que era enamoramiento y apreciación de su belleza y dulzura; en aprender de su otro abuelo cosas de la vida que se nos negaban a los niños… Me empeñé en luchar contra el destiempo de todo eso.



Salieron otras cosas también, pero salió un buen libro. No a cualquier precio, claro. Ya he dicho que el destiempo es cruel. Y se lleva su parte: mi cerebro se vio afectado por las consecuencias de jugar, conocer, viajar, acompañar, aprender… a destiempo.


Desde entonces me reconstruyo con cuidado. Descarto recuerdos erróneos con delicadeza. Me aseguro muy bien de que son erróneos antes de hacerlo, claro. Este proceso me lleva un rato. Pero es importante hacerlo bien. Mi aspecto exterior es como de paralizado, pausado. No enfoco la mirada. Estoy trabajando por dentro, reconstruyendo ese destiempo que he desplazado de mi tiempo privado y personal.

Aún pago ese precio, pero mereció la pena. Mucho.


Stygryt me embarcó en una memoria a destiempo, e hicimos un libro sobre ello. Un libro que merece la pena leerse, un libro que hace merecer la pena los efectos del destiempo. Un libro que huele muy bien. Un libro que se imprimió dos veces, una sobre otra. Un libro que aún puedes encontrar. Un libro que se ensucia, pero porque debe ensuciarse. Un libro que tiene juguetes imaginarios, mamás preciosas, pesadillas y café en botes de mostaza. Ah, y un tigre o dos. O quizá solo un tigre, y lo otro era un gato, no lo recuerdo bien.

Ah, el destiempo, qué cuidado hay que tener con él.
Nacho.