miércoles, 6 de mayo de 2015

Dardenac.

Haga frío o bien calor, es allí, en la casa de Dardenac (1), que Titú y Sebastián pasaban la mayor parte de sus vacaciones. Los abuelos habían comprado una ruina que poco a poco intentaban rehabilitar. Al principio, sólo se iba allí para pasar el finde y disfrutar de la tranquilidad del lugar, pero muy rápidamente fue el hogar de cada una de las fiestas familiares y de todas las vacaciones de ambos chavales. 



Allí, todos podían reír, gritar, soñar, leer, enfadarse y, sobre todo, comer muy bien, porque la abuela Simone era, además del alma de la casa, una cocinera excepcional.


Es durante un caluroso día de verano que Titú aprendió a subir en bicicleta, la roja, con dos ruedas añadidas detrás (2). A la sombra de la vida, el tiempo se paraba durante largas temporadas que no parecían tener fin. Ni siquiera el monótono "tic tac" del antiguo reloj del salón era capaz de sustraerse al encanto de estos largos días.


En verano, se estaba muy bien bajo el árbol del pequeño jardín de entraba, donde nuestros dos piratas jugaban al Mikado (3), la mirada aguda y el pulso más bien tieso. Habían disputas, sí, pero siempre era Titú él que ganaba, porque era el más grande, lo que le daba siempre la razón.



Abajo, justo enfrente de la casa, estaba el pequeño huerto del Jojo, donde el buen hombre se escondía de los gritos de su "Baronesa". Allí, entre la maleza, se podía trepar a los árboles, jugar al escondite en la pequeña gruta (4) o bien probar las fresas salvajes que el abuelo cuidaba con amor y paciencia.





El silencio acompañaba a toda la pequeña familia en sus peregrinaciones diarias y nada, nada, parecía ser capaz de entristecer este milagroso paraíso.

-----

(1) La pequeña casa de Dardenac aparece por primera vez en "Piratas de los siete mares", primer capítulo del álbum "Equinoccio" ilustrado por Carlos Maiques.

(2) Esta pequeña bicicleta enfurecida tiene historia, y es la roja protagonista de "La casa de las palomas", una bella historia que se puede leer en el álbum "Mistigri".

(3) Titú y Sebastián juegan al Mikado y se enfadan en "La venganza", un capitulo clave del álbum "Equinoccio".

(4) La famosa gruta aparece tímidamente al final de "Piratas de los siete mares" y abre las puertas de lo desconocido.