lunes, 19 de diciembre de 2016

Los reyes del mambo.

Cuando Carlos y yo nos vamos de dedicatorias, una jungla de lo más heteróclita acude con curiosidad hacia nuestro stand, como si fuésemos unos extraños bichos sacados de algún zoo ambulante.

El hecho en sí no molesta para nada. Hemos visto pasar chicas Pinkys además de frikis guay, Rastas y Afros de todo pelajes, hombres de frac y otros en bañadores, a veces unos extraterrestres estrellados… incluso llegué a ver algún asesino a sueldo merodeando con una mirada de la más promiscua.

Carlos me dice que está acostumbrado, que él los ve hasta en sueños. A mi aún no me visitan, pero no tengo prisa en que lo hagan, que hay demasiados habitantes vagando en mi cabeza. Me gusta charlar, sí, pero también quiero descansar, sobre todo de noche, que es cuando toca.



martes, 15 de noviembre de 2016

Les petits Buddhas.

Titú nunca ha sido un gran filósofo, eso está más que claro. Su concepto de la vida siempre ha sido bastante simple: jugar, jugar y jugar. Bueno, también dibujar cuando uno ya está cansado de tantos ajetreos.

Es que dibujar no es jugar, no. Dibujar es importante, dibujar es, quizás, una filosofía y, sobre todo, cuando dibujas… te vuelves invisible.

Titú sigue siendo invisible, incluso ahora que parece haber crecido, no parece haber cambiado mucho. 


miércoles, 19 de octubre de 2016

Las playas de los veranos infinitos.

Es allí, realmente, que Titú y Sebastián tuvieron sus aventuras más famosas, aventuras recordadas hasta el final de los tiempos, cuando la vida ya no es más que recuerdos. Dichas playas han marcado para siempre la memoria de nuestros muchachos y es un honor compartirlas, gracias a las pocas fotografías que aún han perdurado hasta hoy.

Tampoco nuestros amigos iban a muchas de ellas, y tampoco todas eran de arena. La de la gran playa de Saint-Jean-de-Luz era la más concurrida y, sobre todo, la más accesible ya que sólo estaba a cinco minutos de la casa… pero aunque los tres diques proporcionaban algo de magia, le faltaba el toque de aventura de las dos otras, la de la “Corniche” y, sobre todo, la de la “Pile d’Assiette”.







Ir a la Corniche era ya por si, toda una odisea. Había que bajar los largos acantilados cargados de juguetes, material de pesca, la comida del día, las toallas y los libros, los fusiles anti piratas y los arcos mata cangrejos. Pero una vez abajo, el esfuerzo valía la pena. Nunca había nadie y las rocas eran todas nuestras. Era como vivir un sueño, pero de verdad. Allí abajo, la libertad era desmesurada, casi tan infinita como el horizonte que nos hacía soñar.






Me he quedado con mi playa preferida para el final: La Pile d’Assiette. Es allí que Titú fue coronado rey de los siete mares, que escondió su tesoro al mismo tiempo que su corazón… y es allí, aún ahora, donde me refugio en sueños durante los momentos tristes. Me acuerdo que, en marea baja, las rocas formaban una pequeña bahía donde los niños podían nadar con toda seguridad. Pero cuando subían las aguas, era una guerra permanente contra los elementos donde se libraban intrépidas batallas que los muchachos no se perdían por nada del mundo. Y estaba la Pile d’Assiette, imponente e inmortal, fiel guardián de los mares, una fortaleza de rocas inaccesible para nuestros pequeños guerreros.






Volví allí hace poco. El océano se había comido al indomable guardián y el camino se había derrumbado, dejando la playa cerrada y vallada para impedir su acceso. Pero no pasa nada, no… porque cada vez que quiero verla, cierro los ojos y enseguida oigo el leve sonido del oleaje que me está llamando.



miércoles, 21 de septiembre de 2016

Días tristes donde el silencio lo es todo.

No hay luz, todo se ha vuelto gris, insulso, transparente… nada parece tener sentido. Así son los días tristes de nuestros recuerdos, los que, justamente, evitamos recordar.

No son buenos, no. Nos dejan a todos un sabor amargo que mancha la tela colorida de nuestra vida. Son momentos en el que el tiempo se estira desmesuradamente, haciendo que los días no tengan fin.

El silencio es abrumador, terrorífico… pero necesario.

Pero cuando el sueño vuelve a nacer, suele ser el principio del fin del dolor. Pronto desaparecerán las oscuras nubes y volveremos a correr, libres aunque no tan ilesos como antes.


martes, 9 de agosto de 2016

Hay un gato esbozado en la esquina de la página.

A Titú siempre le han caído bien los animales. A parte del Malako, no tuvo otros animales como amigo, pero muchas veces su vida se ha cruzado con la de algún gato contemplativo o bien, los días de soledad, con la de un perro ladrador. 

Desde el principio, Titú se dio cuenta que los gatos no ladraban y que, además, se les podía acariciar la cola. Eso molaba bastante, y si había ronroneos de por medio, era el paraíso prometido.

Los gatos saben leer, ven por la noche y hablan con las estrellas, pero Titú nunca consiguió saber lo que se decían.

Y es que, amigo mío, hay secretos que deben permanecer ocultos, la vida es mucho más bonita así.


lunes, 18 de julio de 2016

Una historia inédita.

Este pequeño sueño ilustrado hace parte de los tesoros que salen a la luz cuando menos te lo esperas.

Hojas perdidas entre un océano de documentos, había olvidado hasta su existencia. Hacen parte de esas ilustraciones que se hacen en la esquina de la mesa de dibujo durante un momento de descanso o de pura ensoñación, cuando nada parece tener importancia cuando justamente ocurre exactamente lo contrario.  

A veces, Carlos es así, hace unos dibujos, te los da con mucho cariño y tú los guardas juntándolos con muchos otros… y te olvidas de ellos porque, en ese momento, tienes muchas otras ilustraciones suyas que te parecen más importantes que un simple esbozo sobre dos pequeñas hojas de papel arrancado.

Y un día te topas con ellas, afortunado de tu suerte y de la felicidad que te proporcionan.

Como la meta de este blog es, justamente, compartir felicidad, las incluyo en esta  poética entrada soñada.


jueves, 23 de junio de 2016

Sebastián y sus amigos.

Enfrente del gabinete de Phil, en Saint-Jean-de-luz, había un callejón muy estrecho y perpendicular a la calle “Du midi”, un nombre mágico para los niños porque es el de la hora de la comida en Francia.

Dicho callejón era siempre oscuro, y Titú y Sebastián sabían que allí uno no  podía quedarse mucho tiempo: escondidos en medio de las sombras, seres misteriosos aguardaban bajo el abrigo de la oscuridad.

Pero un día, Sebastián, el más valiente de ambos hermanos, fue atraído por un “algo” que brillaba en un rincón del callejón. Se acercó y descubrió un curioso animal que lo saludaba con efusión y ánimo. El niño se sentó a su lado y rápidamente aparecieron otros bichos con pinta muy rara, todos charlando animadamente. 

Se juntaron a la curiosa cofradía unas gaviotas parlanchinas que añadieron un toque marítimo a la animada tertulia en la que todos estaban involucrados.

Titú, que no se atrevía a acercarse, observaba a su hermano desde lejos. Es que para penetrar en la luz, hay que cruzar las tinieblas, le dijo su hermano una vez de vuelta en la calle bañada de sol.

Nunca más hablaron del tema, y Sebastián se quedó con el secreto de su misterioso encuentro para siempre.

Si os apetece saber más acerca de las historias que se contaron aquel día, preguntádselo a él o bien a las gaviotas, por si conocéis algunas, a mi nunca me hizo caso ninguna…. 

De hecho, es por esta mismísima razón que siempre voy corriendo tras las gaviotas cada vez que me topo con ellas.


jueves, 19 de mayo de 2016

Saint-Jean.

Gran parte de las aventuras de “Equinoccio” se sitúan a Saint-Jean-de-Luz, un pequeño pueblo de la costa vasca francesa. Allí, Titú y Sebastian vivían con Phil y mamá… Al principio no todo fue siempre muy fácil, pero después se lo pasaron en grande.

Mamá se llevó a sus dos pequeños allí porque era donde Phil vivía. De hecho, sigue viviendo allí. Era todo un personaje para los dos pequeños, y en la gran mayoría de sus buenos recuerdos ahí está Phil, joven en su memoria casi para siempre.




La peluquería “La Pagode” existió de verdad. Aparece al final del capítulo “Aice Hegoa”. Fue uno de los primeros empleo de mamá en el pueblo. Después, siguió llamándose igual pero se transformó en una peculiar bisutería con mamá de dependienta y de encantadora recepcionista.




Hace poco me tope con esta foto. Ha sido tomada en el piso que descubrimos en el capítulo “La orilla incierta”. En ella vemos a mamá, Titú y su kanguro. Las otras fotos también son del barrio de “Urdazurri”, en la orilla de “La nivelle”, donde se perdió de verdad el pequeño Sebastián.




Una de las pocas fotos del señor Mimiague y de su esposa, terror de los niños y que conocemos en persona en el capítulo titulado “El tesoro de los inocentes”. Era un verdadero diablo, pero seguro que quería de verdad a los dos chavales. Ambos se han ido hacia otras aventuras, quizás buscando otro tesoro para regalar a niños que ya no lo son.


En Saint-Jean, todos jugábamos al Rugby. Era el deporte obligatorio. Si no tenías zapatos de deporte, unas simples botas de campo eran suficiente mientras dabas buenas hostias a los contrincantes. De hecho, Titú recibía más de lo que daba… pero eso es otra historia.



Para acabar, me pareció justo añadir una foto de Phil en color. Tras él, la famosa playa de Saint-Jean, en verano, a tope de turistas tomando el sol. Sé que Titú aún sueña con el largo paseo marítimo, plaza fuerte de sus numerosas aventuras…


lunes, 18 de abril de 2016

Unos diseños del Fin del Mundo

El Fin del mundo está cerca. Bueno, dentro de unos dos años… o menos si todo va bien. 

En realidad todo va a depender de nuestra rapidez a la hora de escribir y dibujar estas nuevas aventuras de Titú y Sebastián, estructura del “Fin del mundo”, tercer y último título de nuestra trilogía infantil. 



jueves, 17 de marzo de 2016

Hoy en portada.

Para celebrar la llegada de la primavera, os ofrecemos una bellísima ilustración de Titú leyendo.

De hecho, suele ser más allá de las nubes donde viven los sueños… todos los sueños. Que sean agitados como unos monos salvajes o bien contemplativos como gaviotas de tierra firme, el mundo de las quimeras nos abre las puertas de los mundos infinitos.

¡Disfrutad amigos! Que el silencio es el tesoro de los sabios. 


martes, 9 de febrero de 2016

Un día en casa.

En el pequeño estudio, el tiempo se desgrana lentamente, dejando paso libre a la contemplación creativa. Después de un buen cafecito, llega el momento de agudizar nuestros sentidos y empezar el largo trabajo de campo, sembrando  ideas a lo largo de una multitud de páginas manchadas de acertados esbozos.




Unas lagartijas deambulan por las paredes de nuestra imaginación, dejando a su paso huellas de luz y silencio.







Pero hay que seguir avanzando por ese sendero que es el nuestro y que nos llevará, poco a poco, hasta el final de nuestra larga peregrinación bajo la mirada atenta de nuestros ancestros.




El tiempo se para, miramos las estrellas, y volvemos a sumergirnos en medio de nuestros sueño.