martes, 9 de agosto de 2016

Hay un gato esbozado en la esquina de la página.

A Titú siempre le han caído bien los animales. A parte del Malako, no tuvo otros animales como amigo, pero muchas veces su vida se ha cruzado con la de algún gato contemplativo o bien, los días de soledad, con la de un perro ladrador. 

Desde el principio, Titú se dio cuenta que los gatos no ladraban y que, además, se les podía acariciar la cola. Eso molaba bastante, y si había ronroneos de por medio, era el paraíso prometido.

Los gatos saben leer, ven por la noche y hablan con las estrellas, pero Titú nunca consiguió saber lo que se decían.

Y es que, amigo mío, hay secretos que deben permanecer ocultos, la vida es mucho más bonita así.