miércoles, 17 de abril de 2019

El silencio.

Es muy curioso, cuando pienso a mi infancia, el primer sabor que suelo recordar es el del silencio y de la contemplación.

Titú era un niño muy normal, le encantaba sobre todo jugar, pero muchas veces lo hacía en solitario, incluso si no estaba solo para compartir sus aventuras.  También era capaz de sentarse durante horas observando el silencio. 

Es probable que el silencio no sea invisible si realmente deseamos observarlo. A veces, lo importante de la mirada sólo se encuentran en los sentimientos.

En estos momento de pura soledad, lo que se ve pierde toda su importancia, quedando en primer plano los sentimientos en estado puro.