lunes, 12 de agosto de 2019

Garabatos y sueños despiertos.

Cuando era pequeño y que mis abuelos ya no sabían que hacer conmigo, me dejaban sentado en la mesa del comedor con unas hojas y unos lápices. Allí los dejaba a todo en una paz absoluta durante horas. Una eternidad para ellos.

En cuanto a mí, no dibujaba, viajaba más allá del mundo de los lápices, donde todo se deja ver en su simplicidad más absoluta.

El resultado de mis primeros garabatos no eran deslumbrante. De hecho casi todo acababa en la basura, aunque he conseguido salvar unos cuantas hojas sueltas.

En cuanto a este señor potato, me recuerda a un viejo amigo mío que venía a saludarme al salir de la cama, antes del desayuno pero después de mi último sueño.