domingo, 12 de julio de 2020

El descubrimiento.

Me acuerdo que caí sobre uno bloque de piedras que no tenían nada que hacer allí.

Aún así, estaban amontonadas para recibirme como suelen hacerlo las piedras: en silencio.

Enseguida me hice amigo de una mariposa que no paraba de revolotear a mi alrededor., desprendiendo perfumes de amor.

Me preguntó si sabía como se llamaba. Como le dije que sí, que su nombre era conocido hasta los confines de los confines desconocidos.

Pero aquel nombre era un secreto que sólo se debía decir con las palabras del corazón.

Enseguida se transformó en la niña de los sueños despiertos y me invitó a bailar con ella en las grandes praderas del infinito que bordeaba aquella pradera.

Ha pasado mucho tiempo de ello y aún sigo bailando con ella.